Cuando el ocaso sale


El ocaso mortecino,
lleno de melancolía,
envuelve a la cofradía
al iniciar su camino.
El tintineo repentino
del Muñidor atraviesa
las puertas, recién abiertas,
de un Compás de bella estampa
donde un ciprés se levanta
mientras el aire lo apresa.

El Viernes ya apenas suena
sobre espadaña garbosa
que, con contraluces rosas,
presencia toda la escena.
Mientras, pausada y serena
sigue saliendo la fila
de capas negras vestida
sobre un hábito morado,
al igual que el enlutado
cielo al terminar el día.

Todo parece acabado
en ocaso, al derramarse,
por los últimos compases
de un Viernes Santo soñado.
Será entonces, escoltado,
por dieciocho ciriales,
cuando nos venga, suave,
entre el incienso cubierto,
Dios, reposando muerto,
en las faldas de su Madre.