Un domingo de noviembre


De nuevo andaré buscando
tu encuentro en la anochecida,
por las esquinas perdidas
que vas con tu andar callando.
De nuevo iré venerando
tu dulce y tierna mirada;
la que a modo de llamada
tu Hijo te solicita
y con su mano bendita
busca acariciar tu Cara.

Estaré otra vez buscando
por calle Feria tu aroma
que, perfumando se asoma
por una ojiva brotando.
De ella sales desafiando
a un otoño de alhucemas,
que en tus pestañas morenas
se rinde ante tu hermosura
y rozando tu blancura
se convierte en primavera.

Yo no sé dónde este año
encontraré tu dulzura,
que buscaré en la finura
de tus andares de antaño.
Pero sé que el desengaño
nunca llenará el momento,
pues en todos los encuentros
que los dos hemos tenido
Tú a mí siempre me has vencido,
aflorando sentimientos.