Luz azul y plata


Le das vida al caserío,
ojiva de San Julián,
cuando el color del gentío,
con estreno de atavío,
se ilumina con tu cal.

Un sol intenso de Ramos
besa toda la fachada
y de blanco inmaculado,
con reflejos azulados,
la tarde se desparrama.

Se mezclan en las retinas,
de niños sobre los hombros,
los brillos de plata fina
y la tiniebla en esquinas
ante su perplejo asombro.

Un palio buscando encuentro
sintiendo la luz se sale
desde el frescor de su templo.
A tierra nos para el tiempo…
¡Ya está La Hiniesta en la calle!