Las espinas de La Rosa


La Rosa tiene espinas que traspasan
a quienes junto a ella permanecen
y en cálida canícula, padecen,
pasivos bajo un sol que no descansa.

Precio, que ella pone, con la guasa
que sus hijos sabemos le florece
por todas sus esquinas, pero a veces,
de gracia y encanto, ya se pasa.

¡Verano que marchitas a la Rosa!
Ella, pasiva adormece con el juego
mirándose en su río. Buena moza,

impasible convive con tu fuego.
Verano, por favor, sólo una cosa:
no tardes en decirme, hasta luego.