Cincuenta sueños


Una Cara, sólo eso,
eclipsa su alrededor
que se rinde en su esplendor
entre musitados rezos.
También en secretos besos
que se escapan entre dedos,
tras palabras de esos Credos
aprendidos de pañales,
poco ortodoxos los cuales,
pero sinceros por eso.

Una Cara, ¡y qué Cara!
Sola se basta y se sobra
para curar la zozobra
del que ante Ella se para.
El que bebe el agua clara
de su sonrisa y su llanto
y obvia el color de su manto
y repujar de varales
quedándose en los puntales
de su aureola de encanto.

Una Cara, pide calle,
erguida sobre peana
y sueña luz de mañana
y de ocaso por su talle.
Después, que la noche calle
entre reflejos de luna,
y dormidos en su cuna
esperar la luz del día
y soñar con quien decía:
¡Pero como Tú, ninguna!