Venia de Parasceve


La luna de Parasceve
cada año es fiel testigo
del camino sin abrigo
que a una concordia se debe.
Y aunque sea de forma breve,
con una venia cumplir.
Así observa el discurrir
de cinco ruanes negros
que sobre sus pasos, luego,
volverán desde San Gil.

Mientras, Centuria Romana
con brillos en las retinas
aparece por la esquina
entre un gentío que la aclama.
En la plaza, la campana
de su reloj dará la hora.
Saldrá lo que allí atesora
Sevilla un año entre besos
y en Él prenderá sus rezos
hasta que salga la aurora.

Venias que cruzan camino,
de vuelta, llenas de Gracia,
por la ciudad que se sacia
entre lo humano y Divino.
Son cosas que sus vecinos
aprendieron de sus padres.
Y para que todo encuadre,
hasta Dios para salir
bajo esta luna de abril
pide permiso a su Madre.