A Miguel


Tus manos se llevaron las labores
ocultas y aceptadas sin premisa.
Tu cara se llevó aquella sonrisa
que escondías a listillos burladores.

Tu pecho se ha llevado resplandores
de medalla sudada en la camisa.
Tus ojos se han llevado guardabrisas
que alumbran devoción, rezo y amores.

Te has llevado amor de quien te quiso.
Te has llevado felicidad y pena.
Te has llevado un barrio como cuna.

Has dejado tu alma en el sumiso
lirio azul, que un Viernes siempre estrena,
recuerdos de carey bajo la luna.