Lirios en Pureza


De nuevo en Triana estaba,
y andando siempre de frente
encontrándose a su gente
por Pureza caminaba.
Allí ella lo esperaba
con mirada desafiante,
y llena de interrogantes
se mantenía a duras penas
en parapléjica escena
entre lágrimas retantes.

Su compañero intentaba
sacarla de aquel cortejo
que había roto en su desvelo
de postrarse ante su Cara.
Cuando casi lo lograba,
salió de la presidencia
una mano de clemencia
que al Nazareno arrancó
dos lirios que le entregó
a tan devota inocencia.

Ella en el lado quedaba
observando con fijeza
los lirios en la belleza
de las palmas de sus manos.
Al llegar al Altozano,
recibía con gratitud
el hueco en su exactitud
unos lirios Carreteros
que traían dos costaleros
del Cristo de la Salud.