En tu Soledad


Sólo un pañuelo en tu mano
para secar tus mejillas,
enjugándose del llanto
que en tus ojos va brotando
cual ribera en sus orillas.

Sólo un puñal en tu pecho
traspasando tu dolor,
retorciendo tus adentros
de inmaculado tormento
y cuna del Salvador.

Sólo puntas afiladas
de una corona de espinas,
en tus manos, reposada,
entre la luz encalada
de callejones y esquinas.

Sólo una Cruz y un Sudario
tras tu perfil de doncella,
y caridad de sufragio
cual si fuese un relicario
bajo tus plantas hebreas.

Sólo un ocaso rosado,
sólo paz y caridad,
sólo vencejos volando,
sólo una plaza rezando,
sólo Tú y tu Soledad.