Sentencia


Nunca existió una Sentencia
tan injusta y delatora,
que la que Roma firmó
cuando despertó la aurora
lavando sus sucias manos
mientras acusaban otras.
Pero Sevilla llegó
para rescribir la historia,
y convertir el dolor
en la noche más hermosa.
A las tropas de Pilatos,
en escolta de su Gloria,
de gandingas, plumas blancas
y medias color de rosa.
Su Calle de la Amargura,
en multitud esplendorosa
que en vez condenar le reza
perdonando a quien se mofa.
Su cimbreante flaqueza,
en costeros que redoblan
al compás de batería
de centuria anunciadora.
Sus vestiduras sencillas,
en filigranas preciosas
de agujas juanmanuelinas
en puntadas portentosas.
Su Cornelio, en capataz;
en Arco, la Puerta Antonia;
en saetas, su condena;
en promesas, su derrota;
en Catedral, el Palacio;
y las vírgenes, en monjas,
que esperan en Santa Ángela
coincidiendo con la hora.
Y pa rematar faena,
a su Madre Dolorosa
la convierte en Macarena…
De la flor, la más hermosa,
para aliviar la Sentencia
que aquel día pronunció Roma.