Sonetos de mayo



La Cruz que porta mano penitente
escrita lleva a fuego la leyenda,
mandamiento, cumplido por la senda
que entre la austeridad parece ausente.

Toma tu cruz y síguele, silente,
y nunca encontrarás mayor prebenda
que la que su Palabra a tu alma ofrenda
para calmar tu caminar sediente.

Cruz alzada, que anuncia buena nueva.
Cruz de Vida ungida en pan y vino.
Vida eterna,  que por ella se eleva

hasta la gloria el Amor Divino;
que nuestro pecado a su muerte lleva,
para que Él nos enseñe el Camino.

La Cruz donde tu muerte trajo vida
esgrimen los vencejos con su canto
entre la última luz de un Lunes Santo
que se posa en tu faz adormecida.

Ocaso aljarafeño en despedida
resiste el ocultarse al ver el manto
de lirios, que a tus pies llenan de encanto
los reflejos del cielo en su partida.

La tarde en tu silueta despereza
la brisa, convertida en quietud,
al encontrase frente a la realeza

que llena cielo y tierra con su luz:
Divino Redentor que en su pureza
enseña la Verdad sobre una Cruz.

La Cruz que erguida en mayo es adornada,
triunfante, por septiembre se aparece,
mostrándonos la Vida que florece
en mensaje de Luz Resucitada.

Patíbulo de muerte descarnada
de un Cristo que en saetas se adormece.
Crisol donde mi alma fortalece
al encontrar tu Vida proclamada.

La Cruz que sacrificio soportara
la Gloria nos dejaba en tu partida
para que la esperanza nos brotara

cuando la fe presenta su caída…
y mirando sus aspas, nos mostrara,
la Verdad, el Camino… y la Vida.