A Rafael


De sobra sabe el bloguero
el aprecio recibido;
que era correspondido
como no podía ser menos.
Y hoy que ante el papel yo quiero
dedicarte torpes versos
pienso que quizás por eso
otra manita me echas,
porque la hora y la fecha
ya me da el trabajo hecho.

Y es que te has ido, Maestro,
un viernes justo a la hora
que Ella va quedando sola
luciendo todo su apresto
y queda todo dispuesto
a golpe de llamador,
y el ocaso en su esplendor
se pasea por un raso
de escoltas ante su paso
que al salir cambia el color.

Un viernes, seis de la tarde…
Quizás Ella así lo quiso.
Quizás vio el rayo preciso
de un equinoccio que arde
tiñéndose en un alarde
de un ocaso de revuelo.
Quizás que a este ocaso gemelo
del de primavera en flor
Ella le pidió tu voz:
¡Vámonos con Ella al Cielo!