Coles de Bruselas


Por ahí andan pidiendo
por plegar una farola
para que una Virgen pase
sin que un guardabrisa rompa,
trescientos setenta euros,
como si fuese de broma.
Digo yo, que el operario:
el que el tornillito afloja
para soltar la bisagra
que con tres en uno moja
para que se suavice
y evitar entrar en coma
con un esfuerzo tan grande
que a cualquiera lo desloma,
vendrá con una cuadrilla,
un bombero con su goma,
dos o tres municipales,
y un concejal que se coma
una dieta al medio día
y otra cuando el sol se esconda.
Porque si no, no me explico,
que tan caro nos lo pongan.
Aunque pensándolo bien,
es normal que lo propongan,
porque si cuela el sablazo
tendrán más en las alforjas
para gastárselo en gambas
blancas de cabeza gorda.
Lo anormal es que después,
unos trepas que deshonran
unas varas que pasean
en sus manos vanidosas,
les ofrezcan a esta gente,
por un minuto de gloria,
el trasero y las vergüenzas…
Aunque tampoco les sobra.