Ahí quedó


Y se quedó el Alamillo
sembrado de tu Esperanza,
entre los cautivos brillos
de tus andares sencillos
bajo un sol de lontananza.

Y también se quedó el río
bajo la luna marcado,
por el suave rocío
que tu paso cual navío
dejaba en él derramado.

Quedó tu barrio soñando
con tan privilegiada cita,
y en sus balcones colgando
puso mantones y llanto
a la celestial visita.

Quedó tu bálsamo suave
a quienes falta salud,
y que soñando que acabe
su naufragio buscan nave
que se la ofreciste Tú.

Quedó un río en tus mejillas,
quedó en un Arco tu adiós,
quedó un barrio en mariquillas,
quedó claro que en Sevilla
vive la Madre de Dios.