Me sabe a hierba


Tu nombre me sabe a hierba
de Villamaría modesto,
sin usurero dispuesto
a manchar un “manque pierda”
y arrastrar hasta la mierda
una historia centenaria,
convirtiendo en monetaria
el alma y los sentimientos
con un asqueroso invento
llamado “manolitaria”.

Tu nombre me sabe a hierba
de una banda trabajada,
y con lágrimas regada
que mi memoria recuerda
en derrotas de una guerra
contra un descenso anunciado,
pero de orgullo adornado,
sin un ditero endiosado
come-hostias convulsivo
que mirándose el ombligo
quiere curar sus pecados.

Tu nombre me sabe a hierba
regada con la verdad,
y sembrada de humildad,
hasta que una caterva
secuestrada la conserva
alejándola de mí.
No tengo más que decir,
tan sólo que te lo pienses
y aunque sea por tu gente:
anda Gordo, di que sí.