Lacito


Hace diecisiete años,
aunque parezca mentira,
esperando tu venida
que nos llegaba entre paños
y temores por el daño
que unas secuelas dejaran,
a una Santa que hospedara
al Señor nos dirigimos,
y su nombre te pusimos
porque tus pasos guiara.

Una vez acristianada,
en su nómina de hermanos
dando gracias te apuntamos
como promesa pactada,
pero el tiempo con su andada
poco a poco fue trayendo
tu fe con tus sentimientos
a los pies de un Cristo Muerto,
que de vencejos cubierto
sale un Lunes a tu encuentro.

Hoy en su Hermandad te sientes
integrada y orgullosa,
lo mismo que está la rosa
que entre los lirios silentes
suelta su aroma envolvente
buscando siempre su Mano,
la que yo busqué temprano
en la mañana de ritos,
y me encontré tu lacito
que las tuyas colocaron.