Calle


Cuanta Triana llevaba
tu espalda en Antillano Campos,
cuando te cubrió el quebranto
de una saeta cantada
en la estrechez que cruzabas
llenando de olor la calle,
y en el fondo de ese valle
que formaba el caserío
andaba sobre el gentío
la plenitud de tu talle.

Las cales te daban luz
y el humo te perfumaba,
y en tu espalda se quedaba
prendido en el tragaluz
que es el carey de tu Cruz
los rezos y la memoria…
La de Triana y su historia,
de sesenta y cinco lustros
amparándose en tu augusto
Rostro, que le trae la Gloria.

La calle se consumía
con la noche en tu zancada,
bendecida en sus fachadas
de trianera alfarería
soñando ya con el día
que el barrio reencuentra encanto…
Calle Antillano Campos,
por donde el raso que escribe
busca su Rostro de abriles
la tarde del Viernes Santo.