Todo llega


Cerquita de San Esteban,
en una plaza encalada,
vive dentro de un palacio
éste dios con sus dos caras.
Con una ofrece la mano,
y con la otra, tapada,
injuria, miente y acusa
con su lengua envenenada.
La envidia no tiene límites,
cuando se tienen dos caras,
y sientes celos del cojo
porque con gracejo anda;
del ciego de nacimiento
por su inocente mirada;
del pobre, porque es feliz,
y no necesita nada;
del que se deja querer
y si no lo quieren, pasa,
y del que con sus palabras
va donde le da la gana
sin decirle a los demás
lo que con las suyas hagan,
y menos, cobardemente,
con la carita tapada,
sin saber que la patita
se le ve por las enaguas,
y que su voz lo descubre
en el momento que habla
escondido en su teclado
con su verborrea barata.
Cerquita de San Esteban,
donde la calle se ensancha
y la Casa de Pilatos
descubre sus cales blancas,
descubrí la triste esfinge
de éste dios con su dos caras…
Que mala suerte que el sitio,
se llene un Martes de Lágrimas
y éste pobre junta-versos
no sepa escribirle nada.