Cerca de La Resolana


A la hora que su padre,
en pasacalle de plumas,
sueña "chicotás" de luna
a una Sentencia de arte,
nos trajo a Blanca su madre,
ocho de junio, al ocaso,
y ya vigila sus pasos
la que Esperanza reparte.


Mañanas


Mañanas ante tu encanto.
Solo, ante tu soledad.
Contemplando tu Verdad,
alivias mi desencanto.
Cubres el alma con el manto
de tu Divina realeza
llenando de fortaleza
a mi débil corazón
que, rendido en tu esplendor,
se entrega ante tu belleza.


Entrecejo


Ni la corona radiante
que Juan Manuel te soñara
para rematar tu Cara
de oro, piedra y brillantes.
Ni esmeraldas fulgurantes.
Ni la pluma de Pavón.
Ni tan siquiera el balcón
de la saeta de Marta.
Tu entrecejo, sí que harta,
de gozo a mi corazón.


Cuando el ocaso sale


El ocaso mortecino,
lleno de melancolía,
envuelve a la cofradía
al iniciar su camino.
El tintineo repentino
del Muñidor atraviesa
las puertas, recién abiertas,
de un Compás de bella estampa
donde un ciprés se levanta
mientras el aire lo apresa.

El Viernes ya apenas suena
sobre espadaña garbosa
que, con contraluces rosas,
presencia toda la escena.
Mientras, pausada y serena
sigue saliendo la fila
de capas negras vestida
sobre un hábito morado,
al igual que el enlutado
cielo al terminar el día.

Todo parece acabado
en ocaso, al derramarse,
por los últimos compases
de un Viernes Santo soñado.
Será entonces, escoltado,
por dieciocho ciriales,
cuando nos venga, suave,
entre el incienso cubierto,
Dios, reposando muerto,
en las faldas de su Madre.




Mediodía


El sol se alía con las calles,
y al llegar el mediodía
le pone a la cofradía
colores en sus detalles.
Ésta parece el entalle
de un natural de Maestranza.
Mientras, el exilio alcanza
posiciones en portales
que, ya no son de corrales,
pero la memoria alcanza.

Entre un gentío de colores
la oscura fila va abriendo
ese mar de sentimientos
lleno de viejos sabores.
Huele a cera junto a flores
y fogones de tabernas
que, alimentan la fraterna
reunión de antiguos vecinos
que entre lo humano y divino,
vuelven a su cuna eterna.

Y donde fueron criados
su Salud van a buscar,
para volver a encontrar
otro Miércoles soñado.
Viven juntos, y a su lado,
la intensidad del momento
que les produce el reencuentro
con su barrio y sus raíces…
Allí cierran cicatrices
desde un Refugio, hacia adentro.


Presbiterio de noviemmbre


Cuando el sol de noviembre,
con su luz mortecina,
retalla las esquinas
en ocasos en calma,
la Amargura desciende
ofreciendo sus manos
a modo sevillano
en San Juan de la Palma.

Cuando el otoño aprieta
sus contraluces ocres
golpeando cual azotes
las espadañas blancas,
el sol por la Barqueta
se piensa el esconderse
sin ir de nuevo a verle
y rendirse a sus Plantas.

Cuando se va acabando
ese tiempo difunto
de recuerdos adjuntos
a negras vestiduras,
nos llega destellando
el alivio sereno
que en un perfil moreno
desprende su Amargura.

Cuando aún el recuerdo
de su embroque en convento
nos llega, en el encuentro,
para besar sus manos,
se nos escapa el verbo
posándose en su Cara
soñando la luz clara
de otro Domingo de Ramos.


A un mes de Ti


De nuevo junto a Ti, otro Adviento,
en medio de un Altar de flor y cera.
Expectante belleza trianera
que ofrece con su Mano sus adentros.

En redonda vocal irá el acento
de todo el que arrimándose a tu vera
te nombre, y en tu Cara vea la Espera
de la Divinidad que llevas dentro.

Mocita que entre inciensos y alhucemas
presume de embarazo y se engalana.
¡Ay! Torre de David de Gracia llena

que al frío de diciembre pone llama.
Hermosa panacea de las penas
que anuncia Buena Nueva por Triana.


Un domingo de noviembre


De nuevo andaré buscando
tu encuentro en la anochecida,
por las esquinas perdidas
que vas con tu andar callando.
De nuevo iré venerando
tu dulce y tierna mirada;
la que a modo de llamada
tu Hijo te solicita
y con su mano bendita
busca acariciar tu Cara.

Estaré otra vez buscando
por calle Feria tu aroma
que, perfumando se asoma
por una ojiva brotando.
De ella sales desafiando
a un otoño de alhucemas,
que en tus pestañas morenas
se rinde ante tu hermosura
y rozando tu blancura
se convierte en primavera.

Yo no sé dónde este año
encontraré tu dulzura,
que buscaré en la finura
de tus andares de antaño.
Pero sé que el desengaño
nunca llenará el momento,
pues en todos los encuentros
que los dos hemos tenido
Tú a mí siempre me has vencido,
aflorando sentimientos.


Besar noviembre


Acercarse hacia tu Mano
en el frescor de noviembre
es entregarse, a que siembres,
tu belleza en las retinas,
es quedarse en el rellano
de un presbiterio florido
con el corazón prendido
en tu Guapura Divina.

Encontrarse con tu Cara
en la reposada tarde
antes de que el sol se guarde,
dorado, en la Resolana,
es sacar el alma clara
por la mudéjar ojiva
en difícil despedida
que siempre sabe temprana.

Parar en Feria, en la tarde,
es olvidarse del mundo
y perderse en el profundo
nacarado de tu encanto.
Es dejar que el alma escalde
sus miserias en tu Gracia
y prenderse en tu fragancia,
Reina de Todos los Santos.


Azul y ocre


Bonanza de un frescor entre calores
dibuja tu tapiz con sus pinceles.
Retrasa el reloj, amaneceres.
Cae al fin, el calor entre fulgores.

El azul va cobrando los colores
de una luz que ilumina tus vergeles.
Nueva luz, de otoñal atardeceres
que muestra entre tu cielo sus candores.

Cielo azul, con su luz ocre y tendida
en suelo de hoja seca derramada.
La brisa, da un calor de despedida.

El cielo va marcando la llegada
de un otoño, que trae en su venida,
la color que por mi es deseada.


Ratito


Intimidad de mañana
dialogada a media voz.
Mientras, la torre, en La O,
da un Ángelus de campana.
Encuentros que por Triana
el tiempo convirtió en rito:
canas y Jorobaito.
Ida y vuelta de una Plaza
que descansa, cuando pasa,
y echa con Él un ratito.


Regla de otoño


Cuando el verano resiste,
y un otoño de almanaque
ansioso espera su atraque
para sus ocres soltar,
una Mirada nos viste
la tarde, de dulce calma,
y baja buscando almas
al suelo, desde su altar.

Entre sonrisa escondida,
bajo un llanto roldanesco,
sus lágrimas son refresco
al que sus pasos detiene
y se prende, en la acogida,
que con sus manos te ofrece
a cambio de que le reces
Salves que el aire sostiene.

Cuando el último calor
te hace buscar sombra fresca
por calle que sueña fiesta
de mujo, corcho y pastores,
encontrarás el sabor,
en cuando dobles su esquina,
de una Rosa sin espinas
que llena Orfila de olores.


Encuentro de octubre


Estabas con tus vecinas
que, en camilla sin brasero
y fotos en terciopelo,
hablaban de medicinas.
También, de la naftalina,
que traía el que se había ido…
Yo entré, y crucé contigo
una Salve entrecortada,
no sé, ni si terminada,
y me alimenté en tu trigo.

Estabas metida en fiesta,
y en el centro de tu alcoba
te bastabas por ti sola
para manar agua fresca.
Regabas, las flores prestas
que a tus plantas te adornaban.
Seguro que marchitaban
si a tu lado no estuviesen
empapándose en la suerte
de tu caída mirada.

En tu puerta se añoraban
carros, y olía a taberna,
y dentro, tu imagen tierna
una bienvenida daba.
Y el que buscándote entraba,
al ver tu mirada gacha,
te contemplaba Sin Mancha
ni pecado Concebida.
Sabor llevé en mi partida,
por donde Feria se ensancha.


Soñando Ramos


Abrir podrá mi mente la distancia
y entre la blanca cera, ver su Cara,
cuando pose la tarde, su luz clara,
sobre recuerdos tiernos de la infancia.

Recuerdos de Domingo, la prestancia,
de palio que una mano me enseñara,
cogiendo la mía, la acariciara,
al ver aproximarse su elegancia.

Podrá la noche oscura, ver la Estrella
que convierte penumbras en mañanas
en almas que el tiempo dejó huella.

Podrá mi corazón, ser la diana,
donde clave su llanto la más bella
Mocita que naciera por Triana.