Nazareno de corazón


Quizás un corazón fuese culpable
llegándonos en vísperas de fiesta,
mientras que la Tertulia, queda presta,
esperando a un Mago venerable.

Un día para Albores, entrañable.
Tomate, bacalao: la propuesta.
La sonrisa de un niño: la gesta.
Secretos a un Rey, inconfesables.

Los mismos tertulianos, con agrado,
expresan por noviembre admiración:
Entregan Nazareno plateado

a quien en cofradías, pone pasión.
Esta vez, ha sido galardonado,
un Rey Mago, que trajo un corazón.


Blanca


Tu dolor es mi dolor.
Tu sonrisa, mi sonrisa.
Mi suelo, el que tú pisas
y tu aliento, mi calor.
Tu mirada es el amor.
Tu llanto, mi desconsuelo.
Tus ausencias, mis anhelos.
Tu existencia es la poesía
que va llenando mis días
de pedacitos de cielo.


Soneto de sueños


La clara luz del alba que un infante
veía cada Viernes de mañana
regando de frescores, la romana
Centuria que pasaba por delante,

marcaba de sonrisa su semblante
y asido a una reja de ventana
ya soñaba, muriéndose de ganas,
el ser de aquella Roma tan radiante.

La vida esa suerte le brindaba,
de noche entre plumas y nagüetas
cuando su descendencia ya esperaba.

Ahora es ella, quien busca las cornetas,
mientras otros soñamos madrugadas
de alba, y una reja con su nieta.


Noventa lustros


Noventa lustros llenando
de Dios la calle Castilla
donde sembró su semilla
y su fruto fue quedando.
Noventa lustros soñando
con carey que se quebranta
entre lirios que levantan
un Viernes, a un Nazareno,
de perfil bello y sereno
que va anudando gargantas.

Noventa lustros rezados
en Antífonas de Adviento
poniendo siempre el acento
en Nacimiento esperado.
Noventa lustros al lado
de su dolor y su gozo.
De su Nombre, como un pozo:
redondo y lleno de vida,
donde curar las heridas
y aliviarnos el sollozo.

Noventa lustros de orilla
y envites de agua de un río
que se rindió al desafío
de unir Triana y Sevilla.
Noventa lustros que brillan
en historia de esplendor.
Noventa lustros de amor
a una herencia recibida.
Noventa lustros de vida
de la Hermandad de La O.


Cerca de La Resolana


A la hora que su padre,
en pasacalle de plumas,
sueña "chicotás" de luna
a una Sentencia de arte,
nos trajo a Blanca su madre,
ocho de junio, al ocaso,
y ya vigila sus pasos
la que Esperanza reparte.


Mañanas


Mañanas ante tu encanto.
Solo, ante tu soledad.
Contemplando tu Verdad,
alivias mi desencanto.
Cubres el alma con el manto
de tu Divina realeza
llenando de fortaleza
a mi débil corazón
que, rendido en tu esplendor,
se entrega ante tu belleza.


Entrecejo


Ni la corona radiante
que Juan Manuel te soñara
para rematar tu Cara
de oro, piedra y brillantes.
Ni esmeraldas fulgurantes.
Ni la pluma de Pavón.
Ni tan siquiera el balcón
de la saeta de Marta.
Tu entrecejo, sí que harta,
de gozo a mi corazón.


Cuando el ocaso sale


El ocaso mortecino,
lleno de melancolía,
envuelve a la cofradía
al iniciar su camino.
El tintineo repentino
del Muñidor atraviesa
las puertas, recién abiertas,
de un Compás de bella estampa
donde un ciprés se levanta
mientras el aire lo apresa.

El Viernes ya apenas suena
sobre espadaña garbosa
que, con contraluces rosas,
presencia toda la escena.
Mientras, pausada y serena
sigue saliendo la fila
de capas negras vestida
sobre un hábito morado,
al igual que el enlutado
cielo al terminar el día.

Todo parece acabado
en ocaso, al derramarse,
por los últimos compases
de un Viernes Santo soñado.
Será entonces, escoltado,
por dieciocho ciriales,
cuando nos venga, suave,
entre el incienso cubierto,
Dios, reposando muerto,
en las faldas de su Madre.




Mediodía


El sol se alía con las calles,
y al llegar el mediodía
le pone a la cofradía
colores en sus detalles.
Ésta parece el entalle
de un natural de Maestranza.
Mientras, el exilio alcanza
posiciones en portales
que, ya no son de corrales,
pero la memoria alcanza.

Entre un gentío de colores
la oscura fila va abriendo
ese mar de sentimientos
lleno de viejos sabores.
Huele a cera junto a flores
y fogones de tabernas
que, alimentan la fraterna
reunión de antiguos vecinos
que entre lo humano y divino,
vuelven a su cuna eterna.

Y donde fueron criados
su Salud van a buscar,
para volver a encontrar
otro Miércoles soñado.
Viven juntos, y a su lado,
la intensidad del momento
que les produce el reencuentro
con su barrio y sus raíces…
Allí cierran cicatrices
desde un Refugio, hacia adentro.


Presbiterio de noviemmbre


Cuando el sol de noviembre,
con su luz mortecina,
retalla las esquinas
en ocasos en calma,
la Amargura desciende
ofreciendo sus manos
a modo sevillano
en San Juan de la Palma.

Cuando el otoño aprieta
sus contraluces ocres
golpeando cual azotes
las espadañas blancas,
el sol por la Barqueta
se piensa el esconderse
sin ir de nuevo a verle
y rendirse a sus Plantas.

Cuando se va acabando
ese tiempo difunto
de recuerdos adjuntos
a negras vestiduras,
nos llega destellando
el alivio sereno
que en un perfil moreno
desprende su Amargura.

Cuando aún el recuerdo
de su embroque en convento
nos llega, en el encuentro,
para besar sus manos,
se nos escapa el verbo
posándose en su Cara
soñando la luz clara
de otro Domingo de Ramos.


A un mes de Ti


De nuevo junto a Ti, otro Adviento,
en medio de un Altar de flor y cera.
Expectante belleza trianera
que ofrece con su Mano sus adentros.

En redonda vocal irá el acento
de todo el que arrimándose a tu vera
te nombre, y en tu Cara vea la Espera
de la Divinidad que llevas dentro.

Mocita que entre inciensos y alhucemas
presume de embarazo y se engalana.
¡Ay! Torre de David de Gracia llena

que al frío de diciembre pone llama.
Hermosa panacea de las penas
que anuncia Buena Nueva por Triana.


Un domingo de noviembre


De nuevo andaré buscando
tu encuentro en la anochecida,
por las esquinas perdidas
que vas con tu andar callando.
De nuevo iré venerando
tu dulce y tierna mirada;
la que a modo de llamada
tu Hijo te solicita
y con su mano bendita
busca acariciar tu Cara.

Estaré otra vez buscando
por calle Feria tu aroma
que, perfumando se asoma
por una ojiva brotando.
De ella sales desafiando
a un otoño de alhucemas,
que en tus pestañas morenas
se rinde ante tu hermosura
y rozando tu blancura
se convierte en primavera.

Yo no sé dónde este año
encontraré tu dulzura,
que buscaré en la finura
de tus andares de antaño.
Pero sé que el desengaño
nunca llenará el momento,
pues en todos los encuentros
que los dos hemos tenido
Tú a mí siempre me has vencido,
aflorando sentimientos.


Besar noviembre


Acercarse hacia tu Mano
en el frescor de noviembre
es entregarse, a que siembres,
tu belleza en las retinas,
es quedarse en el rellano
de un presbiterio florido
con el corazón prendido
en tu Guapura Divina.

Encontrarse con tu Cara
en la reposada tarde
antes de que el sol se guarde,
dorado, en la Resolana,
es sacar el alma clara
por la mudéjar ojiva
en difícil despedida
que siempre sabe temprana.

Parar en Feria, en la tarde,
es olvidarse del mundo
y perderse en el profundo
nacarado de tu encanto.
Es dejar que el alma escalde
sus miserias en tu Gracia
y prenderse en tu fragancia,
Reina de Todos los Santos.


Azul y ocre


Bonanza de un frescor entre calores
dibuja tu tapiz con sus pinceles.
Retrasa el reloj, amaneceres.
Cae al fin, el calor entre fulgores.

El azul va cobrando los colores
de una luz que ilumina tus vergeles.
Nueva luz, de otoñal atardeceres
que muestra entre tu cielo sus candores.

Cielo azul, con su luz ocre y tendida
en suelo de hoja seca derramada.
La brisa, da un calor de despedida.

El cielo va marcando la llegada
de un otoño, que trae en su venida,
la color que por mi es deseada.